jueves, 28 de junio de 2012

Jiuzhaigou (Chengdu)

Mucho tiempo atrás, el dios Dago estaba perdidamente enamorado de Wolo Semo, diosa muy bella, y le regaló un espejo que había bruñido haciendo uno del viento y la luna. Pero debido a la intromisión de un diantre, se le deslizó de la mano y se rompió contra el suelo, convirtiéndose en 114 lagos espejeantes, como joyas incrustadas en las montañas y los bosques. De ahí la hondonada de ensueño Jiuzhaigou, como de los cuentos de hadas. ¡Pero qué tan hermosa es la historia!
Jiuzhaigou, localizada en el distrito homónimo en la prefectura autónoma de las etnias tibetana y qiang de Aba, provincia de Sichuan y a más de 400 km de Chengdu, capital de la provincia, ostenta la geomorfía de lagos represados de carbonato en valles de entre montañas, debe su nombre a las nueve aldeas de tibetanos asentadas en el lugar y ocupa una superficie aproximada de 620 km cuadrados. La mayoría de los sitios de interés se hallan en las tres cañadas principales de forma “Y”. Algunos visitantes resumen el paisaje en cinco maravillas: lagos esmeraldinos, cataratas montañas unas sobre otras, bosques multicromos, picos nevados y encanto tibetano.
Para llegar se viaja a Chengdu por avión y luego se toma otro vuelo de 40 minutos con destino al aeropuerto Jiuhuang. A la entrada de Jiuzhaigou se monta al tren de protección ambiental para subir por una carretera de montaña sinuosa. Se escucha el tintinear de los arroyos y el retumbar de las cascadas. Rodeado de agua, el turista siente el alma en proceso de depuración.
Los lagos son una sorpresa de belleza: El Laohuhai y el Xiniuhai son ondeantes y diáfanos; el Gongzhuhai, tierno, apacible y atractivo; el Huohuahai y el Wuhuahai son los más peculiares, pues cuando la luz del sol naciente da en sus aguas se despiden destellos llameantes.
El lago Wuhuahai embelesa en particular aunque no grande ni amplio. Sus aguas son tan claras que permiten ver las ramas de árbol rotas en el fondo, algunas de éstas parecen santateresas cazando a cigarras, y otras como bosques. Lo más inconcebible es que las aguas tienen colores distintos. Viendo desde sitios diferentes, pueden ser azules, verdes, violetas, etc.
A diferencia del Wuhuahai, el Xiongmaohai, el Jianzhuhai y el Jinghai son amplios, sus superficies son tan quietas como las de mesas de mármol, sus aguas tan cristalinas como espejos, que reflejan las nubes blancas y montañas verdes. Escudriñándolas abajo, se admiran el cielo y las montañas invertidos. Es un milagro ver nubes y pájaros volando en el agua. La diferencia entre el mundo real y el virtual existe sólo en las posturas de las montañas en las riberas y sus imágenes en los lagos.
La catarata del lago Xiongmaohai es espectacular, de mayor altura de caída en Jiuzhaigou. Su torrente se precipita desde los barrancos cual un enorme lienzo de pintura saltante, vigoroso y apasionante. Sólo allí uno vive en persona la escena de un “río de plata atronador cayendo del cielo”. Cabría decir que difícilmente se puede imaginar que el agua, tan amorosa y tan insinuante, es capaz de producir ruidos tan ensordecedores.
La playa Zhenzhutan es un mundo de piedras, corrientes y bosques. Cuando el agua verde bajado del firmamento se resbala arrebatadamente por encima de los millares de guijas tan hermosas como perlas engastadas en la falda de la catarata, se salpica de mil maneras lanzando destellos fascinantes bajo el sol.
No será en balde ponerse al lado de una roca para apreciar el panorama con detenimiento: el cielo azul y las nubes blancas, las montañas en la lejanía y los árboles cercanos, invertidos en aguas diáfanas; los lagos aquí y allá engarzados como brillantes por la Providencia en la tierra limpia, rivalizando en esplendor y hechizando al visitante, y rodeados de árboles viejos y flores raras como encajes de atractivos distintos, al igual que un grupo de muchachas tiernas compitiendo en belleza y conviviendo en paz.
No corre riesgo de exageración afirmar que estar en Jiuzhaigou es vivir un sueño. Ya mirando arriba o abajo, a la izquierda o a la derecha, hay paisaje bello por todas partes. La verdad es que “cuando uno camina por allí, está viajando a través de una pintura".

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